Juegos de un Millonario - FIN.
La noche había caído sobre la mansión como un manto pesado y silencioso. Dakota llegó mucho más tarde de lo habitual, agotada pero con una extraña sensación de plenitud. Las horas interminables en la universidad, que antes eran un suplicio entre trabajos de medio tiempo, ahora tenían un propósito nuevo y claro. Ya no estudiaba por necesidad, sino por ambición, por ese futuro en Londres que Víctor le había susurrado como una promesa en el interior del auto. El dinero, esa preocupación constante que había marcado su vida, se había esfumado, reemplazado por una libertad académica que era, sin embargo, otra forma de dependencia. Al abrir la puerta principal, el silencio la recibió con una intensidad que le resultó extraña. No había televisión encendida, no se escuchaban los pasos de su hermana corriendo de un lado a otro, ni el murmullo de su madre en la cocina. La casa, tan vasta y lujosa, parecía un mausoleo. Lo que Dakota no podía saber era que el silencio estaba cargado de ...



