Pruebas de fuego — Epílogo
Cinco años después. En los pasillos de la facultad, Tamara era una estudiante más. Saludaba a sus compañeros, tomaba apuntes en las clases, aprobaba los exámenes con notas correctas sin ser brillante. Nadie sospechaba nada. Nadie podía imaginar lo que esa chica de pelo castaño y ojos color miel hacía cuando se apagaban las luces. Porque en la fraternidad Delta Kappa Omega, Tamara era otra cosa. Era la más deseada. Franco la reclamaba todas las tardes. No había una sola jornada en que él no se presentara en su departamento, en la habitación privada que le habían asignado dentro de la fraternidad, o directamente en algún rincón del salón de los espejos. —De rodillas —decía él, y ella obedecía. —En cuatro —ordenaba, y ella se arqueaba. —Hoy voy a ser más duro —anunciaba, y ella abría las piernas, ofreciendo el lugar que Franco había tomado para sí mismo desde aquella primera vez. Todos los días entraba por su ano. Tamara se había acost...



